Antonio Arjona Castro | Página 3
“También he perfilado la historia del castillo-palacio construido por la familia Fernández de Córdova, que parece tenían la misma mentalidad que los Banu Himsí, al elegir un lugar tan estratégico, junto al alcázar árabe, para construir su castillo-palacio de estilo grecorromano. Aportaron su granito de arena, para que nuestro pueblo tuviera después una plaza y un paseo excepcionales por su belleza y grandiosidad. Por último debemos de agradecer a los repobladores cristianos de Zuheros y sus descendientes, el haber elegido para plaza del pueblo, el balcón natural que hoy disfrutamos, mirador, construido en 1760. Zuheros es hoy un pueblo bellísimo, famoso en toda España, por su emplazamiento excepcional, por sus callejas tortuosas, limpias y blancas, llenas de paisaje bajo la faz imponente de los Tajos de su Sierra. También es conocido por su Gruta de los Murciélagos que añade a sus bellezas paisajísticas, un mundo espectacular de estalactitas y estalagmitas en las entrañas de la montaña.
Por este pueblo excepcional por su belleza, he luchado, junto con otros zuhereños, para que se urbanizaran sus calles, se aderezasen sus monumentos y para que sus bellezas fueran conocidas tanto por españoles como extranjeros. Hoy Zuheros, es un pueblo turístico ampliamente conocido en Andalucía, España y Europa, con dos hoteles, a uno de los cuales puse el nombre de Zuhayra, el nombre que los árabes dieron a Zuheros. He contribuido a ello, escribiendo durante cuarenta años numerosos de artículos en la Prensa cordobesa, y varios libros sobre su historia. Como expuse en aquel pregón de feria, del 13 de agosto de 1988, mi interés por las cosas de Zuheros no tiene más propósito, que contribuir al progreso de nuestro pueblo. Y esto lo hago, porque le llevo en lo más profundo de mi corazón. Aquel día del pregón decía yo:“hace unos días leía en la prensa la noticia de que la escritora Christie escribía en el primer capítulo de su autobiografía, una de las cosas más maravillosas que puede ocurrir a una persona en su vida es haber tenido una infancia feliz".
Debo confesar que yo la tuve muy feliz en Zuheros, gracias a la naturaleza maravillosa de este precioso pueblo y gracias, como no a una madre, que supo suplir lo que la Providencia me quitó. Mi padre Don Hermenegildo para sus alumnos, hizo una labor excepcional en los pocos años que ejerció como Maestro Nacional en Zuheros. Así me lo explicaba un discípulo suyo, mi buen amigo José Jiménez Moreno. De mi padre heredé su afición por conocer Zuheros, él ponía a trabajar a los niños de su escuela, buscando fósiles y minerales del riquísimo entorno geológico y geográfico de nuestra villa. Lástima que aquellas colecciones se perdieran en los difíciles años de la posguerra."
